Opiniones y Experiencias

MARIA PORTARecuerdos para la vida
Recuerdos para la vida
MCM me guió y acompañó a lo largo de los nueve veranos que pasé de campamentos. La primera vez que fui de colonias tenía 11 años, en 1997. Me fui “de colonias” por primera vez a Super Spot, fueron dos semanas en las que hice deporte, disfruté, conocí a muchísimos amigos y conseguí un premio a mejor camper. Aun recuerdo con muchísima ilusión la banda que llevé orgullosa durante casi dos días. En verano de 1998 disfruté de mi primera experiencia internacional. Estuve casi tres semanas en dos campamentos, Hurstpierpoint College y en Southampton. En Hurst celebramos el día internacional y todavía me rió recordando como un gazpacho que nos había costado horas preparar fue recibido con un “ah! Spanish people have made a tomato soup”. “Tomato soup” ¡casi llegamos a las manos! Tras una semana y media disfrutando de un colegio que se me quedaría gravado para siempre como el mejor escenario en el que rodar las aventuras de un Harry Potter que tardaría en nacer, me fui con cuatro campers a navegar a Southampton. Mis padres son apasionados del mar pero nunca había tenido que vestir el traje de neopreno en el agua helada del sur de Inglaterra. De esos días recuerdo la sensación única de una ducha calienta después de un esfuerzo con viento y olas, el chocolate que nos preparaban en el club y los concursos de canciones que mi equipo perdió todas las veces por una excesiva autoconfianza que nos llevaba a abalanzarnos confundiendo los primeros acordes de “Mama mía” con cualquier single de los Beatles. Al año siguiente, con 13 años mis padres me hablaron de la oportunidad de ir a Estados Unidos. En MCM Alex Ferrer y Ana me enseñaron catálogos, fotos, videos y contestaron a todas mis preguntas hasta que entre todos escogimos al que iba a ser el campamento de mi vida. Todavía al escribir su nombre, cuando han pasado más de diez años desde que fui por última vez, no puedo evitar el deseo de poder regresar, aunque fuera a mirar por una ventana a aquellos maravillosos veranos en los que aprendí tantas y tantas lecciones para la vida. Bates College All Sports Camp. Los que me ven por primera vez siempre dicen que soy una persona alta, con 14 años era grande. En el colegio en las fotos de la clase siempre salgo al fondo a la izquierda ya que hubo años que llegué a ser la más alta de entre todos los niños. Mis asignaturas más difíciles siempre fueron música (de ahí mi contribución estelar en el concurso de Southampton) y gimnasia por tener que gestionar unos brazos y piernas que siempre estaban más lejos de los que yo pensaba. De pronto, al llegar al campamento y empezar a jugar a deportes que jamás había visto, Lacrosse, Softball, Rugby, Futbol Americano, mis compañeros americanos empezaron a alabarme por mi destreza! En el campamento había más de doscientos americanos y sólo los 7 españoles que enviaba MCM. Les parecíamos sofisticados y alegres, querían estar con nosotros y en dos o tres días ya teníamos todos nuestros grupos de amigos. De mi primer año recuerdo nuestro asombro ante la celebración del 4 de julio. La competitividad sana de los Olimpic Games que se celebraban el último día y la pena infinita en el momento de irnos sólo mitigada por la promesa de unos a otros de que volveríamos a vernos. Si el primer año en Bates me ayudó a consolidar mi autoestima, me hizo sentirme muchísimo mejor en mi piel y me animó a probar nuevos deportes; el segundo me regaló amigos con los que aun me escribo. Creo que si el último día del segundo año mis padres me hubieran dejado, había firmado con toda la alegría por tener la oportunidad de disfrutar de todo un curso académico fuera de casa. No conseguí convencerles pero sí de que volvería al año siguiente. Y sucedió algo increíble. A mediados de año recibí una carta del Director del Camp ofreciéndome ser monitora ese verano. Por segunda vez en la historia del campamento iba a haber un monitor extranjero. Fui feliz. Y disfruté muchísimo teniendo a cargo un grupo de 10 años a lo largo de un mes. Esta experiencia pude repetirla al año siguiente celebrando con ellos, pues cumplo años en julio, los 17 años. Hasta aquí, he escrito más de 700 palabras y no he mencionado absolutamente nada del idioma. No he explicado que a los 15 aprobé el First Certificate, a los 16, el Advanced y a los 17, antes de la selectividad, el Proficiency. No he contado que en la entrevista que me hicieron para aceptarme a estudiar Derecho en ESADE destacaron mi fluidez en la conversación en inglés. Que en Deloitte fue un requisito indispensable que cumplí holgadamente y que en mi actual puesto de trabajo como Jefe de Proyecto de RRHH en una compañía multinacional es un idioma que utilizo a diario. No lo he mencionado hasta ahora porque siendo de lo más importante no es por lo que más debo a MCM. Porque aunque el idioma lo consolidé y perfeccioné sin duda en los campamentos de MCM, les tengo que dar las gracias de corazón porque esos meses me ayudaron a aceptar el reto de ser la mujer que quería ser. Me dieron ilusión, ganas, fuerza. Vi que podía ir allá donde quisiera y sentirme como en casa, que podía ser autónoma, que podía hacer nuevos amigos sin problemas. Que podía hablar de política, de mis sueños, del mundo, del futuro con personas al otro lado del océano. Aun no tengo hijos pero con el tiempo llegarán y aunque no tengo claras muchas cosas, de una no tengo la menor duda, de muy pequeños empezarán a coleccionar polos con el logo de MCM, cada uno de un color, correspondiente a cada experiencia, que les recordarán para siempre los mejores veranos de su vida, como aun hoy hago yo. Destaco de MCM su profesionalidad cercana, su capacidad para hacerte sentir un cliente único pero sobre todo, agradezco el acompañamiento a lo largo de todos estos años y el haber sido para mí un guía de lujo en el caminar del ir siendo que es vivir.

María Porta Ferrer
Madrid, 11 de noviembre de 2013
SUBIR