¿CÓMO DEBEMOS ACTUAR CUANDO NUESTRO HIJO VUELVE DE UN AÑO ACADÉMICO?.

por / Martes, 18 junio 2019 / Publicado enLa educación de tus hijos, Viajar
regreso

Cuando enviamos a nuestro hijo fuera a un país extranjero, se produce un choque en su regreso, tanto para él como para la familia. Este choque de nuevos hábitos culturales, alimenticios, de horarios, etcétera, que nuestro hijo ha adquirido no lo es tanto cuando lo enviamos a un país europeo, puesto que normalmente regresa a casa cada mes y medio aproximadamente. El gran cambio sucede cuando transcurren 9 o 10 meses fuera de casa.

Nuestro hijo ha adquirido una serie de habilidades en todos los aspectos debido al cambio cultural. Nuestro hijo se ha tenido que esforzar para adaptarse a un nuevo ambiente, a nuevos horarios, a una nueva alimentación, a una nueva disciplina…

Todo esto ha hecho que nuestro hijo haya ido amoldando su personalidad. El niño que regresa no es aquél que en su momento marchó, en su lugar regresa otro: un niño más maduro, más seguro de sí mismo, con una estabilidad emocional más marcada y una autoestima mucho mayor.

Estos son los beneficios que como padres conseguimos cuando enviamos a nuestro hijo fuera. Pero su regreso es un camino de adaptación para todos los miembros de la familia. Es un choque inicial en el que recordamos cómo marchó nuestro niño de casa y ahora regresa un adolescente.

Nuestro hijo ha hecho un gran esfuerzo fuera para adaptarse y ahora va a tener que seguir esforzándose para readaptarse a su hogar de siempre. Seguramente, él ha cambiado mucho: ha cambiado sus hábitos, su higiene, su alimentación… ha cambiado su forma de ser, ha evolucionado como persona.

Lo que siempre recomiendo a los padres, es que no vayan “a por todas”. Es decir, quizá no nos acabe de gustar como viste, como nos responde, sus horarios, su disciplina. Quizá hayan varias o muchas cosas de todo este cambio que no nos gustan como padres. Pero debemos tener paciencia y priorizar en lo que queremos cambiar o lo que más nos molesta.

Se trata de que se sienta a gusto en casa, que esté contento con haber vuelto. Por lo que es importante no atosigarlo, puesto que él se ha transformado en un ser libre e independiente con una rutina y hábitos seguramente distinta a la que dejó atrás en su hogar cuando era pequeño. Aquel hogar del que se fue con inseguridades y ahora regresa más mayor y más seguro de sí mismo.

Mi consejo es que le demos “manga ancha”. De que nos colmemos de paciencia y le demos, y nos demos, tiempo. Ya no podemos pretender que todo vaya a ser como antes, de hecho, todo va a ser diferente para mejor, pese a que inicialmente todos necesitemos nuestro tiempo y la adaptación sea dura.

Es muy importante ir a la par con nuestra pareja en esta nueva etapa y abordar a la par los temas que queramos tratar o cambiar en nuestro hijo, ya sea vestimenta, horarios…

La situación cambia mucho de un hermano a otro, por ejemplo, si es el pequeño y tiene hermanos mayores, estos le van a marcar. Si es el mayor, van a ser los padres los que sobre todo se ocupen de marcarle y establecer límites que van a servir de ejemplo en el caso de que hayan hermanos más pequeños. Así que dependiendo de la posición o del número de hijo que represente en la familia nuestro trabajo como padres va a ser uno u otro.

Debemos hacer que la nueva convivencia sea lo mejor posible para todos. Establecer las normas del hogar con paciencia, no juzgar ni criticar a nuestro hijo, mostrarle nuestra comprensión y valorar en positivo sus cambios. Intentar que nuestro hijo se sienta feliz de haber regresado en vez de hacer de esa vuelta a casa una amargura para él y para todos. Es una gran experiencia muy positiva y enriquecedora en la que todos los miembros van a aprender, a crecer, y a consolidar sus vínculos como familia.

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